domingo, 20 de agosto de 2017

El equilibrio dinámico entre trabajo y vida personal

Una de las personas que más admiro aceptó ser la CEO de una importante empresa en Bogotá, entre otras cosas, porque le permitía salir de su trabajo y dedicarse totalmente a su niña pequeña. Sí, es CEO de una superempresa, pero tiene su tiempo libre bien garantizado. ¡Fantástico! ¿no?

Sin embargo, al comentarle a otro amigo, CEO de otra empresa, él no estuvo de acuerdo con mi perspectiva… Para él, no debería haber diferencias entre la vida laboral y la vida personal, y consideró incluso egoísta la actitud de la otra persona.

¿Quién tiene la razón?

En realidad, separar espacios y hacer fusionar la vida laboral y personal, son cosas que busco practicarlas en mi propia vida, donde equilibro la vida personal con la vida laboral y la vida de voluntario. Es un equilibrio dinámico, lo que implica flujo y movimiento, no es estático siempre y genera energía.

Siento que lo más sano en este aspecto es:
  • Establecer algunos acuerdos que permitan que sectores o áreas de mi vida se desarrollen, sin sufrir tanta interrupción. Estos acuerdos requieren un cierto grado de liderazgo y la habilidad de manejar el tiempo, así como una buena organización y comunicación, ya que son áreas que requieren total concentración, como cuidar de un niño pequeño, aprender un nuevo idioma o un tratamiento largo de salud.
  • Romper los modelos de áreas de vida, en cuanto no haya la necesidad de total concentración. Por ejemplo, como consultor independiente, no tengo problemas en trabajar un domingo preparando algo al cliente (no te preocupes, cliente mío, no te llamaré ese día ni mandaré emails…) y salir a caminar un martes, 11 de la mañana; pero, si estoy trabajando con un cliente, todo lo personal mío queda a un lado, al menos que el cliente requiera saber algo (por ejemplo, aspectos de salud), y si estoy con mi hermana que recién se casa, nada interrumpirá nuestra dulce reunión familiar.
  • Desarrollar áreas alternas de mi vida que fortalezcan otras áreas. Específicamente, pienso en la espiritualidad y los efectos positivos que he visto en mi trabajo, salud y relaciones personales. La dedicación a una sola área tiene efectos en todas las demás.
  • Comprender bien quién soy yo. Una tercera amiga sugería que esto era lo primero… Sí, definitivamente entenderme en todas mis dimensiones y como un ser completo donde cada área realmente es parte de mi expresión de vida, es lo primero que me permite superar las limitaciones y alcanzar el equilibrio en la vida.



¿Cómo harás para alcanzar el equilibrio en las diferentes áreas de tu vida?

domingo, 13 de agosto de 2017

La introversión del ser

Mucho se está hablando de la introversión. Después de todo, el mundo fue prácticamente invadido por personas que desafiaron el antiguo modelo del líder carismático, hablador y muy activo.

Introversión es la capacidad de una persona utilizar sus recursos internos para obtener placer, llegar a conclusiones, resolver situaciones y progresar. Aun cuando el introvertido también se vale de factores externos como relaciones personales, videos o este blog, lo hará desde su perspectiva única, no aceptando nada de lo que recibe sin antes experimentarlo y verificar su veracidad o posibilidad.

El introvertido es un científico cuyo laboratorio es su propia mente, su cuerpo, su salón y habitación.

Para el introvertido, las demás personas hacen parte del teatro de la vida igual que él, pero no siente dependencia o que otros dependan de él, actuando de forma interdependiente. Ser introvertido no es por lo tanto aislarse, no hablar con nadie o hacer lo que piensa, sin tener en cuenta lo que otros dicen.

Él es el intérprete de sus propios pensamientos y sentimientos, y no los expresa de forma barata. Cada palabra de una persona introvertida es tan valiosa como un diamante sino por su valor en contenido, al menos por el esfuerzo que esta persona puso en expresarla.

Bien utilizada, la introversión puede darte experiencias únicas y preciosas, capacitándote a una mejor relación con el otro, al relacionarte mejor contigo mismo. Es básico en la experiencia del yoga y de la meditación, en una vida espiritual y entregada al mundo.


domingo, 6 de agosto de 2017

Hiroshima, mi amor…

Tal vez haya sido porque hay una Rua Hiroshimacerca de la casa donde fui criado, en São Paulo, que lleva su nombre.

O tal vez haya sido el poema Rosa de Hiroshima de Vinícius de Moraes, convertido en canción con la fantástica voz de Ney Matogrosso, que me hizo mi mente volar a Japón y compartir un tiempo con el sufrimiento y la tenacidad de ese pueblo, todas las veces que la oí en mi infancia y adolescencia.

Puede haber sido la mención de la película francesa Hiroshima, mon amour. Aclaro que nunca la vi, pero entra en la categoría de más escuchada.

Sin embargo, lo que me viene a la mente que me transportó realmente a esa ciudad, cuyo destino acabó siendo tan terrible que la convirtió en parte de la historia…

Como adolescente me encantaba leer textos sagrados, aunque sin una guía apropiada. Leí la Biblia y el Bhagawad Gita antes de completar 14 años e ingresar a la Escuela de la Fuera Aérea. Mi tía estaba en ese momento vinculada a una religión japonesa muy reconocida en Brasil, Seicho-No-Ie; todos los meses le llegaba una pequeña revista con oraciones y siempre había un cuento.

Esas historias eran rápidamente traducidas en mi mente, pues no las leía, las vivía intensamente. Una de ellas contaba la supervivencia del autor después de la bomba atómica. No recuerdo tanto los detalles, pero sí la imagen fatídica de esa rosa que salió de los suelos de Japón, esa rosa sin perfume, sin rosa, sin nada.


Todos los años, busco mantener en mi mente esta fecha y meditar por la paz. Todos los años, busco mandar una energía espiritual que nos recuerde a todos, que la paz es más fuerte, más poderosa que la guerra, la violencia, el odio y lo negativo en general. La rosa que generamos en el espíritu sin duda vencerá la anti-rosa atómica.


domingo, 30 de julio de 2017

Ciencia y religión, dos alas de un mismo pájaro

Religión y ciencia son las dos almas utilizadas para que la inteligencia humana pueda volar hacia las alturas, con las cuales el alma humana puede progresar. ¡No es posible volar con solamente una ala![1]

En tiempos de extrema incertidumbre, como los que vivimos actualmente, cualquier ayuda o soporte deberían ser bienvenido y nada puede solucionar las innumerables situaciones que se presentan a diario como la propia capacidad humana.

Como seres humanos, somos diversos, albergando múltiples tendencias, algunas de ellas contradictorias en su apariencia.


La razón y la emoción, la ciencia y la religión, lo tangible y lo intangible… Todo nos importa y todo nos puede ayudar a generar certeza en medio de lo incierto.

Fe y razón son como dos alas que el espíritu humano usa para ascender, hacia la contemplación de la verdad; y Dios ha colocado en el corazón humano un deseo de conocer la verdad - en una palabra, conocerse - de forma que, al conocer y amar a Dios, hombres y mujeres lleguen también a la plenitud de la verdad sobre sí mismos.[2]

Mientras la ciencia y lo racional nos anclan y nos regalan un fabuloso método, la fe y la religión nos dan motivación y esperanza para seguir con este proceso.


Por muchos milenios, nuestros grandes científicos eran hombres de fe, mientras los hombres de fe utilizaron la ciencia para probar el trabajo de Dios. Por otros milenios, hubo un divorcio, una quiebra irreparable donde el espíritu humano pasó a ser un pájaro herido y tuvo que valerse de otros medios para crecer y evolucionar.

No puedo concebir un verdadero científico sin esa fe profunda. La situación puede ser expresada por una imagen: la ciencia sin religión es coja, la religión sin ciencia es ciega.[3]

Sin darnos cuenta, nosotros pasamos a actuar como personas incompletas a la hora de cambiar situaciones reales y prácticas del día a día. Esto nos afecta a la hora de resolver un conflicto o conseguir trabajo en un mercado difícil.

Esto nos afecta a la hora de encarar una enfermedad, la oportunidad perfecta de seguir lo que la medicina nos dicta, sin perder la fe y esperanza. O la muerte, la amiga que nos espera al final de la carretera que ni religión, ni ciencia explican de forma adecuada, pero ambas nos preparan a su manera para este encuentro.

Ahora tal vez sea el momento de reflexionar y volver a unir los pedazos del espíritu destruido y destituido de su capacidad integral y holística. Es la hora de unir lo visible – la ciencia y su hija, la tecnología – junto con lo invisible – la religión y su madre, la espiritualidad.


Unir el corazón y la cabeza, para devolver a la humanidad respuestas y salidas, y reconstruir la presente civilización.





[1] Abdu’l-Bahá, Paris Talks, pg. 143
[2] Papa Juan Pablo II 
[3] Albert Einstein, 1954. Science and religion. Pp. 41-49 in Ideas and Opinions. Crown Publishers, New York

domingo, 23 de julio de 2017

Transformación de la personalidad

Cuando estaba recién ingresando a un camino de vida completamente distinto a lo que conocía, una opción de vida que antes era inimaginable, una persona me llamó mucho la atención. Su jovialidad y tranquilidad, su modernidad y espiritualidad me ayudaron a decidir que este es mi camino.

Fue la única vez que tuvo contacto con ella, pues vendría a fallecer poco tiempo después, pero me dejó un legado interesante, unas ideas que nunca olvidé y que siguen ayudándome en el día a día.

En una clase, en un bello lugar en São Paulo donde hacíamos un pequeño retiro, ella comentaba sobre el tema del cambio de personalidad y como normalmente se considera que eso no es posible sin un evento emocional significativo, es decir, algo que nos pase cuyo impacto sea tan grande que la personalidad tenga que cambiar para ajustarse a esta nueva realidad.

Con esa idea en mente, he observado los cambios en otras personas. Lo que ella dijo es verdad, y lo he visto; pero también he visto cambios fundamentales en la personalidad sin que hubiese un suceso específico que lo justificaran, algo que mi querida profesora también mencionó en su clase.

Cuando en vez de dejarnos cambiar por el entorno, empezamos a cambiar, éstos son normalmente superficiales, ajustándonos a un nuevo momento que vivimos. Tal vez sean como un boost repentino de energía y fuerza de voluntad.

En todo caso, nos cambiamos el peinado, el peso del cuerpo, nuestra carrera porque el trabajo actual no nos gusta, etc., pero sin tocar nuestra personalidad o la esencia de quienes somos. En un proceso largo de cambio, esto representa una primera fase por la que casi todos pasamos; si hubo un evento emocional significativo, es posible que estos cambios se solidifiquen y la persona pase a identificarse con esto.

Pero, cuando generamos el cambio, muchos de esos cambios posteriormente son descambiados, es decir, la persona vuelve a asumir su actitud, consciencia o postura anterior, y consecuentemente los aspectos físicos y visibles también vuelven a como eran.

Es común por lo tanto que alguien en un camino como el que estoy, se sienta desalentado tras cierto tiempo al ver que pocos cambios están realmente sucediendo en su vida después de esta etapa. Infelizmente, este desaliento suele ser la causa para que los cambios logrados se deshagan.

Lo que la Profesora Arlete decía, es que eso se puede resolver a partir de una práctica intensa espiritual, lo cual es la suma de cuatro componentes básicos:
  • ·        Experiencia interna, por ejemplo al meditar o practicar yoga.
  • ·        Un conocimiento espiritual válido y aplicado en la vida.
  • ·        Cambios de comportamiento a partir del autocontrol y disciplina.
  • ·        Servir a otros.


En la medida que estos componentes estén presentes en mi vida diaria – día a día, no sirve de vez en cuando – gradualmente mi personalidad se ajustará a esta nueva realidad provocada por mí, por mi deseo de ser mejor, por mi voluntad de cambio y transformación personal.

domingo, 16 de julio de 2017

La calma en tu propio ser

Hace muchos años, tomé un curso cuyo tema central era la necesidad de manejar mi propia vida, tomando sus riendas y siendo mi propio líder. Una de las metáforas que más me llamó la atención fue la de estar en el ojo del huracán.

El sentido era de que no podemos evitar o escapar del huracán de nuestras vidas: trabajo, familia, situaciones, problemas, finanzas, etc. En vez de eso, es encontrar ese lugar de calma que hay en medio de tanto caos y, desde ahí, manejarlo.

El ojo del huracán es una zona donde las condiciones meteorólogas con más calmadas que el resto; esta metáfora se puede aplicar a tu casa, un espacio sagrado en medio de tantos problemas que vives.

Sin embargo, si realmente quieres tomar el liderazgo de tu propia vida, ni siquiera tu casa será suficientemente tranquila para soportar las crisis y caos por los que pasarás. Es hora de pensar en otro sitio…

Tal vez tu mente… Es el lugar más tranquilo, como un lago sereno y plácido, listo para apagar el fuego del terror por el que puedas estar pasando.

Hacer de la mente este lago es la tarea de la meditación: cuando meditas, entras en una serenidad tan completa que tu ser se desprende de la realidad y experimentas la otra realidad, la experiencia interior que es tan positiva y que recarga el ser plenamente.


El ojo del huracán está por lo tanto a la distancia de un pensamiento. Pero debes entrenar llegar allá antes que el huracán llegue… Desde ahora, medita, concentra tus pensamientos e ideas, y pasa a vivir en esa área de total paz.

domingo, 9 de julio de 2017

¿Qué aprendemos de las crisis?

Crisis ha sido una palabra prohibida en muchos medios y yo, en mi época más osada, solía usarla en charlas o cursos que dictaba, pues he sentido que ignorar algo es la postura (mítica) de un avestruz: escondo la cabeza en la arena esperando que el león se vaya…

En la práctica, lo que he visto es que la crisis no se va porque tratamos de desconocerla o aliviar su efecto al utilizar nombres como oportunidad. Además, yo y todos los que hemos pasado por muchas crisis, hemos visto el sufrimiento que eso genera y simplemente tratarla como una oportunidad, sin tener en cuenta sus efectos negativos no es digno de lo que realmente provoca.

La crisis es una serie de circunstancias que surgen en nuestro camino para ayudarnos a movernos hacia la transformación que en algún momento experimentaremos, destruyendo los apegos y lazos que tenemos hacia el estado presente o pasado.

La crisis es en esencia nuestra ayudante que nos da fuerza para matar la vaca y cambiar el paradigma que, por más cómodo que sea, nos impide de crecer.

Utilizar la crisis de forma positiva es aprender de ella. O sea, dejarse fluir con las pésimas situaciones, con una sonrisa en la cara porque se sabe que cada escena negativa de la vida es un examen que, superado,  hace que el objetivo se acerque más.


Aprender de la crisis es superarla en tal medida que haya real transformación, por lo tanto, abraza la crisis. ¡Ella es tu gran amiga!